Archivos mensuales: marzo 2013

UNA CARCEL PARA EL “PUEBLO”

UNA CARCEL PARA EL “PUEBLO”
Eligio Palacio Roldán
Es que el dolor por el desarraigo es, quizás, mayor que el dolor por estar privado de la libertad.
PALACIO DE JUSTICIA 085
El dolor de una despedida
Medellín, sector La Alpujarra, un día, a las 17:00 horas.

La mano recia y varonil del Defensor de los Derechos Humanos, Jesús María Valle Jaramillo, se precipitó con furia sobre el escritorio, algunos lapiceros volaron por el aire, ante el cimbronazo de la madera. “Todos los pueblos tienen iglesias, cementerios, hospitales, escuelas, prostíbulos, zonas de tolerancia. No es posible que, sus habitantes, no tengan derecho a una cárcel en su pueblo, que les permita regenerarse o pagar sus condenas”. Dijo, el humanista, con vehemencia.

Era una tarde del mes de julio de 1997 y, en su oficina del edificio Colón, ubicado en la calle Ayacucho, entre las carreras Bolívar y Carabobo, al frente del Tribunal Administrativo de Antioquia, en Medellín, el inmolado hombre de paz recibía la noticia de que un alcalde, de uno de los municipios del norte de Antioquia, había decidido cerrar la cárcel municipal para disminuir gastos. No era el primero, desde luego, pero las injusticias enervaban el alma de este ser, vilmente asesinado en febrero de 1998, en este mismo lugar, seis meses después de que quedara registrada, en mi memoria, esta historia.

Y la historia viene al presente al leer la columna de Ramiro Bejarano, el pasado domingo, en El Espectador, en donde critica la propuesta de la Ministra de Justicia, Ruth Stella Correa, de que los municipios construyan cárceles y asuman de nuevo su responsabilidad con los seres humanos que, por los avatares de la vida, deben permanecer en una prisión y así disminuir el hacinamiento, en los grandes centros penitenciarios. Aduce, el doctor Bejarano, los mismos argumentos de los alcaldes de hace más de 15 años: el presupuesto; que según él debe estar destinado a otras necesidades urgentes.

Leyendo al doctor Bejarano, recordando al doctor Jesús María Valle Jaramillo y observando el dolor de los cientos de ciudadanos que, de lunes a viernes, se asoman a los sótanos del Edificio de Justicia, en el Sector La Alpujarra de Medellín, para despedir a sus seres queridos, luego de las audiencias, en su camino a la prisión; o las grandes filas, de los sábados en las inmediaciones de la cárcel de San Cristóbal, en Medellín; yo me pregunto, parodiando a los extraditables, temidos delincuentes de la década del ochenta, sino será preferible una tumba en la tierra natal a estar detenido en uno de los grandes centros penitenciarios del país. Tanto para el detenido, como para su familia.

Es que el dolor por el desarraigo es, quizás, mayor que el dolor por estar privado de la libertad. Basta ver el sufrimiento de una despedida, la humildad de los seres que ocupan las cárceles y sus familias, su falta de recursos de todo tipo, su pobreza de cuerpo y de alma, su llanto sin lágrimas a la hora del adiós. Basta ver su procedencia: la mayoría campesina; para entender que es un deber de los alcaldes atender a su población carcelaria; que con el traslado de los reclusos a los grandes centros penitenciarios no estamos haciendo nada por rehabilitar al hombre y que, al contrario, estamos hundiéndolo cada vez más en el fango de la delincuencia y que las familias, de los reclusos, están pagando una condena quizás mayor.

Invito al doctor Bejarano y a los críticos del planteamiento de la Ministra de Justicia, Ruth Stella Correa, a que se acerquen un día a una cárcel, a un juzgado; a que observen a las gentes, las vean, las analicen, hablen con ellas, compartan sus carencias. Así entenderán las bondades de la medida. La apoyarán y, por transitividad, le rendirán un homenaje a ese gran ser humano que se llevaron las balas asesinas: Jesús María Valle Jaramillo.

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ARROGANCIA

ARROGANCIA
Eligio Palacio Roldán
El viajero recuerda muchas escenas similares: Decenas de mujeres suplicantes y varios representantes de Dios, en la tierra, Arrogantes.

El viajero dibuja, sobre el frío porcerlanato blanco, los cientos de polígonos que formaban las baldosas. No entiende por qué fueron reemplazadas por este piso, estilo narco. Observa las columnas blancas con adornos en oro y gris, antes rojo y oro, que ocultan el ladrillo de otros tiempos; las bancas de madera donde se sentaron todos los habitantes del pueblo, incluso aquellos que fueron señalados y marginados; y el lugar que ocupaba el púlpito, en una época donde los sacerdotes tenían ascendencia, sobre los demás mortales.

Está en la iglesia. Al fondo, la Virgen de los Dolores parece mirarle con un amor triste, bastante triste.

Ahora sus manos palpan el viejo armonio, aquel al que Alberto, le arrancaba melodías del alma. Melodías para celebrar, conmemorar o despedir. Melodías de siempre y para siempre. Melodías que impregnaron este espacio y permanecen en la memoria colectiva del pueblo. Algunos dicen, incluso, que todavía se escuchan, después de la media noche.

El viajero se detiene, al finalizar la nave central, junto al altar. Gira a la izquierda y se arrodilla. Piensa que en este lugar sucedieron los hechos trascendentales de su existencia: A los dos días de nacer lo trajeron a bautizar y, tan solo, unas horas después de morir lo ingresaron, secretamente, para la ceremonia fúnebre.

Recuerda, el día en que Catalina, se burló del sacerdote, que desde el púlpito enrojecía y palidecía alternadamente, por la rabia que le producía la presencia de una mujer de la “vida alegre” en el templo.

El viajero sonríe. Quiere seguir recordando, pero unos pasos y unas voces acaloradas, que se acercan, interrumpen sus pensamientos.

¡Tenga misericordia!, ¡padre bautícelo!. Dice una mujer.

¡No insista!, ¡es un hijo del pecado!. Grita un anciano sacerdote, de piel atesada, cabello blanco y mirada libidinosa. Colaborador de los asesinos.

El viajero recuerda muchas escenas similares: Decenas de mujeres suplicantes y varios representantes de Dios, en la tierra, Arrogantes.

La puerta de la sacristía se cierra, con violencia, y la mujer se devuelve llorando. De rabia. Se siente impotente.

Es humilde. Se le nota en el vestir, también en el caminar, en el ser, en el estar en la tierra, en la mirada. En sus ojos infinitamente negros.

El viajero se siente suspendido en el tiempo. Ahora entiende porque muchos dicen que este pueblo, a pesar de los cambios de maquillaje, sigue siendo absolutamente eterno.

LO TANGIBLE DE LO INTANGIBLE

LO TANGIBLE DE LO INTANGIBLE
Eligio Palacio Roldán
La elección, hoy, de Jorge Mario Bergoglio, FRANCISCO, como el primer Papa Latinoamericano, en la historia de la Iglesia Católica, implicará seguramente un renacer de la fe cristiana en esta zona del mundo.

La Real Academia de la Lengua Española define tangible: “Que se puede tocar” e intangible: “Que no debe o no puede tocarse”. Pues bien, el ejemplo más claro de tangible e intangible se encuentra en la Biblia, en la historia del apóstol y santo, Tomás:

“Juan 20:24-29
Incredulidad de Tomás
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: !!Señor mío, y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

Bueno, y la mayoría de los humanos creímos, pero no sin ver. Nos ideamos la manera de ver y tocar, a través de las religiones y, de ahí, su importancia, para la humanidad: Unas instituciones que le permiten al hombre tocar ese más allá, que todos anhelamos, ese espacio y ese tiempo, después de nuestras vidas.

Y tangible, muy tangible es la iglesia católica: En ella podemos tocar las imágenes de los santos, los grandes edificios (Iglesias) emblemáticos, de un tiempo ya pasado, y los “Ministros de Dios” con sus estrafalarios vestidos, suntuosos palacios y arrogante presencia.

Estos individuos, que sirven de puente entre lo tangible de esta vida y lo intangible del más allá, tienen una estructura política, que los agrupa, bien fuerte, bien antigua y bien humana. Tanto, que se ve afectada por los mismos vicios de las demás organizaciones políticas y aplica sus mismas reglas: “El Fin Justifica los Medios”, dijo hace ya muchos años Maquiavelo. Y no importa cuales: el engaño, la envidia, la traición, la manipulación de sus bases, etc.

Por estos días vivimos una contienda más por ese poder en la iglesia católica, tras la renuncia, por motivos poco claros, de Benedicto XVI. Y de esa contienda estuvimos pendientes en primera instancia 1.196 millones de bautizados en el mundo (17% de la población mundial) y en segunda instancia el resto de la humanidad, dado el poder acumulado por la iglesia católica, en los dos mil años de nuestra era.

Y. ¿Porqué el mundo católico estuvo pendiente de esta elección si, independientemente de quien resultase elegido, la organización seguirá manipulando a sus seguidores y éstos continuarán creyendo y aportando sus limosnas, diezmos y regalos sin mayores cuestionamientos?; y ¿seguirán unos más, otros menos, atendiendo sus orientaciones en el transcurrir de su existencia? Pues precisamente por satisfacer esa necesidad de sentirse inmortales y tener un puente con ese Dios, real en el imaginario, capaz de solucionar sus dificultades y satisfacer sus más íntimos deseos. Ese Dios tangible a través de una presencia humana: El Santo Padre.

La elección, hoy, de Jorge Mario Bergoglio, FRANCISCO, como el primer Papa Latinoamericano, en la historia de la Iglesia Católica, implicará seguramente un renacer de la fe cristiana en esta zona del mundo y que muchos de los habitantes de la región encuentren en él, el *Nombre del Padre, hoy ausente, por el que muchos se afirmen huérfanos y por el que se siente una inmensa nostalgia. Además, este Santo Padre, será el más tangible de toda la historia de este continente.

ANTES DEL FIN:
A pesar de la necesidad de los seres humanos de lo tangible, de ver y tocar al otro; en la mayoría de los pueblos de Antioquia, las gentes tienen la costumbre de dejarle, en herencia, sus bienes a la iglesia católica y en especial a las ánimas del purgatorio, los seres más intangibles de la tradición religiosa católica, para que intercedan, por el difunto, en la otra vida.

* Tema tratado en COLOMBIA HUÉRFANA y en Y AHORA… VENEZUELA TAMBIEN HUERFANA

Y AHORA… VENEZUELA TAMBIEN HUERFANA

Y AHORA… VENEZUELA TAMBIEN HUERFANA
Eligio Palacio Roldán
Hoy los venezolanos buscan un nuevo padre que le permita caminar por “este valle de lágrimas” o por este “valle de gozo” según lo crea cada uno.

Decía en mi columna del seis de marzo, pasado, que no estaba de acuerdo con los sicoanalistas con su teoría de la caída de los “…semblantes del Nombre del Padre. Entendido como el ocaso de la norma, de la ley, de las instituciones, de la familia, entre ellas; para ser reemplazados simbólicamente por un nuevo amo, el mercado, el consumo”.

Decía además que Colombia se siente huérfana de Uribe y que no era “… casualidad que países hermanos como Colombia y Venezuela aten sus vidas a dos símbolos, por excelencia, del Padre: Chávez y Uribe; Ambos varones autoritarios, dominantes, intransigentes, tercos, llevados de su parecer, tropeleros, inteligentes, protectores, cálidos con sus “hijos”.”

En la columna continué hablando del caso colombiano y, hoy, a pesar de los ríos de tinta que han corrido (Gracias a Dios no de Sangre y Dios, también, es el Nombre del Padre por definición), hay que decir que por su seguidores y también por sus contradictores Chávez se convirtió en el hombre más importante de América Latina, en los últimos 50 años, en el Gran Patriarca Latinoamericano, y que quienes poblamos hoy esta tierra no recordamos alguien igual por fuera de los libros de historia: Allende; Perón; Fidel Castro, en sus primeros, años quizás. ¿Cuál más?

Pero bueno, Venezuela quedó huérfana: quedó huérfana esa gran masa, de seres humanos, que encuentra en su líder al Ser que le solucione sus problemas, sin hacer mucho esfuerzo; también a quien culpar por un destino incierto. Quedaron huérfanas esas clases menos favorecidas por la sociedad excluyente de antaño; quedaron huérfanos los nuevos ricos, que como todos los seres humanos dieron rienda suelta a su avaricia, teniendo la oportunidad; y quedaron huérfanos esos ricos tradicionales, casi todos desplazados a Colombia, que se sintieron huérfanos de poder, por que el Gran Padre Chávez no los dejó arrimar, a su seno, para alimentar su avaricia de tantos años.

Claro que no solo Venezuela quedó huérfana con el adiós de Chávez. En Colombia viven su orfandad: Piedad Córdoba, la hija predilecta, sectores del POLO en particular y de la izquierda en general; las FARC y las guerrillas de izquierda, por supuesto; y la ultraderecha y en especial Uribe: Se fue su gran contradictor.

Hoy los venezolanos buscan un nuevo padre que le permita caminar por “este valle de lágrimas” o por este “valle de gozo” según lo crea cada uno. Muy seguramente será Maduro; pero él no podrá llenar el vacío dejado por el Gran Padre y muy seguramente llegue tan solo a padrastro. Claro, también llegarán nuevos hijos que aprovecharán su cuarto de hora, algunos de los hijastros serán desplazados, quizás también a Colombia y la vida continuará por muchos años más para los venezolanos, los colombianos y el resto del mundo que seguirán buscando un padre; así sea una mujer como en el caso argentino.

ANTES DEL FIN: Podríamos decir que la nostalgia del Nombre del Padre es universal y no solo Latinoamericana: Colombia, Uribe; Venezuela, Chávez; Ecuador Correa; Bolivia, Evo; Argentina, Fernández de Kirchner; Lula en Brasil; entre otros. Por la nostalgia del Nombre del Padre, permanecen en la tierra las monarquías y por lo tanto los Reyes. En Europa: España, Reino Unido y sus colonias en Amérca, Dinamarca, Suecia, Los Países-Bajos y sus colonias en América, Luxemburgo, Noruega, Bélgica, Mónaco, Liechtenstein. En Africa: Leshot, Marruecos, Suazilandia. En Asia: Brunei, Bután, Camboya, Japón, Malasia y Tailandia. En Oceanía: Australia, Islas Solomon, Nueva Zelanda, Papúa-Nueva Guinea, Samoa Occidental, Tonga. En Oriente Medio: Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Arabes Unidos, Jordania; Kuwait; Omán y Qatar.

“UN CUENTO PARA QUE VIVA EL CINE”

“UN CUENTO PARA QUE VIVA EL CINE”
Osman Armando Urrea Martinez

Confieso ahora, que antes me hartaba ver una película de esas trasnochadas, que presentaba los canales tradicionales de T.V. creía en ese entonces que había otras formas menos tediosas de perder el tiempo. Y ante el espacio lúgubre me echaba a caminar, tal vez evocando a la escuela peripatética que dictaba sus lecciones hablando y caminando. Recuerdo muy bien cuando estaba en la primaria que el acontecimiento vecinal era los viernes al parecer los fines de mes cuando se anunciaba una película, y nos daban una boleta que costaba monedas, echa de cartulina azul con el sello y la firma del director. Entonces llegábamos todos muy juiciosos con nuestros pantalones cortos y nos hacían sentar en el piso mirando hacia la pared amplia y blanca del aula principal… más tarde y haciéndose esperar como novia hermosa llegaba un señor de mediana edad con una sutil sonrisa de vendedor de ilusiones, en una moto con un proyector atado a la parrilla, la entraba en reversa y la estacionaba atrás del auditorio y con una pasmosa lentitud sacaba de entre sus talegos dos rollos de cinta atadas entre si y las ponía a rodar al frente del reflector, todos mirábamos la acción empujando con nuestros ojos para que el aparato no se trabara, luego apagaban la luz mientras permanecíamos en silencio, y entonces se escuchaba el trictrictric de la cinta dando vueltas y empezaba la función.
Años más tarde descubrí que en el pueblo donde vivía, había un teatro a un lado del centro con un frente muy amplio y en la parte superior con letras grandes y desteñidas que decían “TEATRO SUCRE”. Nunca tuve el impulso inobjetable de conquistar una chica invitándola allí. El estreno más reciente que se anunciaba podía ya haber pasado un lustro en otras salas más afortunadas. El repertorio era escaso y no pasaba de ofrecer cine oriental con actores del corte de “Kung fu” o “bruce lee”. También alternaban con cine mexicano cuando estaba en todo su esplendor artistas tan famosos como Mario moreno “Cantinflas”, “capulina”, y para desvariar el enmascarado de plata alias “el santo”.
Ya trasladado a la capital de la república y en el principio del ocaso de mi adolescencia, cuando comenzaba a preocuparme por mi futuro, pues ya no había padre y los consejos de mi madre habían quedado atrás, encontré una salida a las gélidas tardes dominicales. Irme a cine. A ver que? No importaba. El desarrollo urbano se alistaba a ver la gran novedad de fin de siglo; la construcción de opulentos centros comerciales que con amplias tiendas daba paso a la magnificencia del séptimo arte. Pronto entenderíamos que el gran comercio no giraba alrededor de la venta de una camisa sino a la proyección de la inventiva de Hollywood.
Del cine-arte sabía muy poco, solo hasta cuando conocí, en mis ímpetus liberales a los compañeros de trabajo tulio Roberto, y juan José, excelsos personajes ya curtidos en las lides del cineclubismo. Ellos comenzaron en la Universidad Pública, en los albores de su juventud, con casettte en mano y con la ayuda de un betamax improvisaban en cualquier salón e invitaban a sus compañeros a cambio de una módica suma a ver la tendencia audiovisual que representaba la resistencia humana actual ante los desafíos mundiales y la búsqueda de la libertad y la lucha social a través del relato de historias basadas en muchos casos en la vida real, y también lamentablemente en los desafueros del sistema.
Pienso que la idea les surgió, ya fuera para tener dinero extra que mitigara algunas ausencias; que es muy probable, o para masificar ante sus compañeros el mismo amor que ellos sentían por las artes cinematográficas.
A finales de los años noventa fundamos en la oficina de la 68, junto con mis nuevos mejores amigos, en el comedor de los empleados de la aduana de Bogotá el cineclub Stanley kubrick. El nombre fue idea de don tulio, quien dijo que era en honor al cineasta norteamericano. No hubo objeciones. La producción y la puesta en escena quedo a cargo de don juan José, prohombre dedicado desde su niñez a reseñar y coleccionar toda la muestra cinematográfica a nivel latinoamericano y europeo. Pronto tuvo gran acogida entre los demás, quienes ayudaron a difundirlo. Desde ese entonces se institucionalizo y goza de gran prestigio, el día jueves a la hora del almuerzo en que los funcionarios pueden aprovechar además de su alimento un buen bocado de cine.
Pero la Joya del Nilo estaba por descubrirse y no me refiero literalmente al “film” era algo que celosamente se lo tenían guardado. Nunca me habían invitado al festival internacional de cine de Cartagena. Solo hasta el año 2006 y con ocasión del trabajo desplegado sindicalmente, es que llegamos al corralito en el periodo exacto del evento. Una vez instalados comencé a interesarme por el tema y desde entonces nació un fuerte idilio con la pantalla grande que perdura hasta hoy. Por esa época comencé a conocer gente de apariencias muy extrañas, mediana estatura y de cabellos largos y descuidados que asistían infaltables cada temporada al certamen. Era usual encontrárselos caminando apurados, vestidos con ropa playera, desde el centro de convenciones hasta el teatro Heredia, o en las noches despejadas converger con ellos en la esquina de “Fidel” apaciguando el calor con una cerveza, o en la madrugada al final de la calle de los mártires en el “quiebracanto” lugar donde los más bohemios acuden al son de una melodía a rememorar sus amores imposibles y que siempre están ahí, así uno ya no quiera. En la medida en que los fui conociendo mostraron ser todo lo contrario a mi idea preconcebida, y al final resultaron ser bastante simpáticos. De esta manera tuve la fortuna de conocer grandes amigos, como Ricardo, Hugo, juan Carlos, Octavio y Harold playa, quienes en la práctica de la cinefilia ya eran almas versadas.
Es mi deber decir que desde mi primera asistencia al festival de cine de Cartagena, la sensación que tuve fue placentera. Ya en la inauguración, se siente el entusiasmo de la gente, el ambiente se torna de fiesta y en el imaginario colectivo se percibe la expectativa de lo que está por verse.Cada día es mejor que el anterior, y de tanto ir y venir por las callecitas empedradas y de ver a los famosos, también se cree que uno es el artista. A medida que van transcurriendo las proyecciones se entra en un mundo maravilloso ya que cada una de ellas es el reflejo de lo que sentimos de lo que llevamos en la sangre, y lo que quisiéramos decir o gritar al mundo pero q nunca lo hemos hecho tal vez por miedo o cobardía, o porque no hay nadie quien empuje. Pero ahí están mostrándonos nuestras desdichas y nuestros anhelos y como no, también nuestras propias frustraciones. Todo ello junto, construye.
En estos tiempos de transformación el cine ha evolucionado al igual que nosotros. La industria se desprende de las capturas económicas y va más por el reconocimiento. La tendencia actual es la de dejar atrás el relato de los sueños irrealizables y de las fabulas de hadas para pasar a un cuento actual y que se parezca más al que vivimos, abandonando la personificación maquillada del actor construido en estudios, en beneficio de la repentización y la libertad del personaje en su papel natural. En la medida en que avanza el cine mundial también lo hace el nuestro. Y en esto quiero destacar el cambio aplicado en la fotografía, el encuadre y la perspectiva, también es loable resaltar la dedicación que han puesto en favorecer el arte por medio del enfoque, los ángulos y el color. Veo con una positiva impresión que este campo la inventiva y el progreso no se detiene.
Ya recorrido un largo trecho por estas huestes heroicas puedo decir que he aprendido de la mano del cine que uno no escoge su propio camino. La vida está llena de encuentros buenos y malos alternados uno a al otro como hermanitos. El bueno como bueno es agradable pero el malo es posible enderezarlo. Nada está hecho para suframos y más bien todo está dado para que seamos felices. La historia se compone de sucesos que devienen constantemente. Cada mañana amanecemos con un cuento que contar y unos hechos que narrar.Y el mundo ha evolucionado porque alguien aprendió a decirlo por medio de imágenes.

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